Revista

Especial

CADENAS QUE ATAN

EN PLENO SIGLO XXI

El 20 de julio Colombia conmemora el grito de Independencia,
acontecimiento que dio como resultado el rompimiento de las cadenas ante la ominación española y que conllevó a la tan anhelada “libertad”.

Sin embargo, hoy en día, 220 años después, vemos cómo la misma sociedad actúa como el subyugo español, encadenándonos a ciertos estereotipos, comportamientos, y acciones, que para encajar o ser aceptados se debe cumplir.

En este especial, resaltaremos a cinco personas que, por sus diferentes condiciones y situaciones, dieron ese grito de libertad y decidieron enfrentar valientemente al mundo opresor, batallando a una sociedad crítica y despiadada.

Foto cortesía Manuela Estévez.

Manuela Estévez García

Presentadora de televisión.

“Ha sido el momento más lindo de verme al espejo, empecé a ver una belleza diferente a la que nos han acostumbrado”.

Una bella frase de la presentadora después de haber perdido su cabello a causa del tratamiento para su enfermedad.

Un ser ganador y de gran perseverancia; así es Manuela Estévez García, una mujer luchadora que ha sido capaz de vencer uno de los obstáculos más fuerte de su vida: la esclerosis sistémica cutánea difusa, una rara enfermedad autoinmune que ataca solo a dos de cada diez mil personas en el mundo y que esta vez le tocaría a ella.

Con muchas incógnitas tras su enfermedad y tan solo con veintinueve años, Manuela no entendía el por qué le estaba sucediendo esto a ella, una joven con alto grado de disciplina, responsabilidad, excelente salud y buenas prácticas alimenticias.

Una mujer talentosa, con grandes sueños y metas, con una vida social activa como cualquier joven, se ve sometida ante una enfermedad autoinmune y sin cura. Sin embargo, gracias a su perseverancia, disciplina y lucha constante, se dio a la pelea de combatirla.

“Sentí que yo debía tener el papel de mostrar como ese lado “no tan duro” y un poco más amable de la enfermedad”.

Foto cortesía Manuela Estévez.

Fotografía: cortesía @pollodoll

David Leal Jiménez

Estudiante, Negocios Internacionales.

“Siempre me sentí muy diferente”.

Desde pequeño, sabía que algo pasaba en su vida; aunque no lo tenía muy claro, percibía que algo le hacía falta y que algo le sobraba.
Esta es la historia de David, un joven de veintidós años, estudiante de séptimo semestre de Negocios Internacionales, inquieto y perseverante. De manera amable, contó a la revista Medellín, la eterna primavera, cómo fue su proceso de liberación para convertirse de Valentina a David. 

Desde sus quince años, comenzó a entrar en una confrontación social, donde debía encajar, sin embargo, no le hacía feliz la situación, su incomodidad era latente, pero gracias a su madurez y perseverancia logró ser lo que ahora es.

Buscó información por algunos medios acerca de su condición, obteniendo diversas respuestas a su inquietud, pero el miedo no cesaba; combatió críticas y conflictos internos de su familia, que, aunque hoy lo apoyan de gran manera, fue un proceso difícil para todos aceptar lo que a él lo hacía feliz. Logró encontrar respuestas, comenzó a enfrentar al mundo y a forjar un destino que siempre soñó.

Después de culminar su bachillerato, se radicó en el exterior por seis meses, tiempo que lo forjó como independiente tanto de manera física como emocional; por eso al llegar nuevamente a su país, logró tomar decisiones importantes para cumplir sus sueños, sus metas. Sin embargo y obteniendo el aval profesional para dar su siguiente paso, era importante contar con su familia, la cual al final de todo lo apoyó, porque según su abuela, “el amor puede con todo”.

Un recorrido de incertidumbre y de temores, pero siempre forjando metas y encaminando su vida a cumplir su sueño, un sueño que creció junto con él. Aunque logró sus  objetivos solo, nunca sobrepasó límites con nadie.

Tampoco intentó convencer a los demás, solo defendió siempre sus ideales y expresó siempre quién quería ser. Nunca señaló a su familia, pero si cuenta que fue necesario irlos educando, enseñándoles, y contarles lo que sentía para que ellos se fueran adaptando a su transformación.

Fotografía: cortesía @pollodoll

Ahora, David es un joven como cualquier otro, amable, extrovertido, con sueños y metas por cumplir, pero lo más importante, feliz, logró vencer temores y miedos que sin duda alguna y en ocasiones, nos encadenan a una frustración inminente.

Foto: Carlos Peláez

Daniela Ibarguen Hiller

Modelo

“Yo quisiera que en el modelaje no me sientan como una cuota de diversidad”.

¿Quién pensaría que detrás de esta bella mujer, con cuerpo escultural, y rostro de muñeca, se escondía un patito feo?

Pues exactamente era así como se sentía Daniela Ibargüen, esta bella modelo paisa de padres chocoanos, quien sueña con convertirse en la próxima señorita Chocó, en el afamado Concurso Nacional de la Belleza.

De niña se veía diferente a sus compañeras, su físico no encajaba en el estereotipo social del momento. Gran parte de sus compañeras eran de pieles blancas y cabello liso, por lo cual llegó a tener un alto grado de complejo al no ser igual.

Su aspecto físico era distinto, por lo cual en muchas ocasiones intentaba hacer trucos para verse casi igual a las demás, pasando por encima de quien en realidad era. Solo fue hasta la culminación de sus estudios, cuando, gracias a la invitación de una compañera, decidió inscribirse en una famosa escuela de modelaje de la ciudad, no soñando con llegar a ser top model, pero sí a comenzar a manejar una imagen que sabía que quería cambiar.

“Entrar a la agencia cambió mi vida”.

Para muchas personas el modelaje es algo banal, pero, para Daniela era un método para aprender a combatir su baja autoestima, a crecer, a ser otra persona. Sin embargo, grandes sorpresas  encontraron al darse cuenta que el modelaje no era solo para personas bellas. En medio de los aprendizajes de pasarela, fotografía, glamour y etiqueta, Daniela aprendió sobre su autenticidad, a valorar lo natural y a darse cuenta de que lo bello no solo es la parte física sino intelectual y emocional, que cada ser podría llegar a ser bello a su manera.

El modelaje le ayudó a  construir una identidad que no había tenido nunca, sin dejar a un lado la sencillez y los valores inculcados desde su hogar.

Todavía hoy, Daniela piensa que aún en nuestra sociedad hay discriminación por color de piel, cuando ven a una persona  afrodescendiente como una cuota más de deber para afirmar estar de acuerdo con una inclusión. “Yo quisiera que en el modelaje no me sientan como una cuota de diversidad”.

Foto: Carlos Peláez

Ahora Daniela no solo aprendió a ser lo que quería, también logró romper unas cadenas de autoestima; ahora es toda una mujer, con sueños y grandes metas en su vida, entre ellas terminar su carrera como licenciada en Matemáticas, lograr la corona para el departamento del Chocó, y lo más importante: ser feliz.

Alexandra Calderón Cuartas

Fotógrafa.

“Nunca me han excluido porque soy guerrera”.

Alexandra es una joven productora de televisión y fotógrafa de la ciudad. Actualmente vive con Cristina, su esposa, con quien contrajo matrimonio hace tres años y quien es, afirma ella, su complemento de vida.

Foto: cortesía Alexandra Calderón

Sin embargo, para esta mujer de treinta años, la vida no fue tan fácil cuando decidió enfrentar a su familia y contarles sobre sus preferencias sexuales. Al igual que cualquier joven a los 18 años, Alexandra sintió su primera atracción por alguien; pero esta vez no fue hacia el sexo opuesto, pues ella sabía muy bien cuales eran sus preferencias y gustos. 
Gracias a la fuerza que la caracteriza, Alexandra no dudó en contestar con la  verdad cuando su familia le preguntó sobre su orientación sexual, verdad que le causó que la  corrieran de su hogar.
Hambre, tristeza y  desolación, fueron los causantes para que Alexandra pensara en ocasiones que la vida no tenía sentido; sin embargo, luchó y se  enfrentó a esta cruel realidad, donde el mundo en ocasiones prefiere llevar consigo credos y  convicciones religiosas que no dejan ver más allá del verdadero valor humano.

Foto: cortesía Diego Zapata

Gracias a la mano de otros familiares y amigos, esta joven pudo continuar sus estudios, los cuales gracias a su esfuerzo pudo culminar exitosamente. Más adelante, volvió a su hogar, donde la recibieron calurosamente, pero con una determinada cantidad de reglamentos que cohibían su expresión de ser.
Años más tarde, su madre fue diagnosticada con cáncer, lo cual le costó la vida; de ahí comienza una nueva vida para esta mujer.

Hoy en día cuenta su historia de una manera especial, dando gracias a Dios por su madre y su padre, de los cuales, solo tiene palabras hermosas cuando se refiere a ellos, dice que no juzga a nadie, porque a veces las  condiciones de credo y religión hacen actuar a las personas de una manera diferente, pero en ella no existe la palabra rencor. Alexandra ahora es una persona libre de cualquier señalamiento social y afirma que esto se debe a que está rodeada de excelentes seres humanos que la tratan con respeto al igual que ella hacia los demás.

Alejandra Restrepo Zuluaga

Modelo Curvy

“Hace tres años comencé a quererme”.

De manera infortuna, la sociedad en la que vivimos, es la que va marcando la pauta para algunas personas sobre lo que podemos ser o hacer según nuestro físico, sin mirar más allá de las verdaderas capacidades del ser humano.

Y es precisamente lo que le sucedió a la modelo curvy, Alejandra Restrepo, una hermosa joven de 24 años, tecnóloga en gastronomía, la cual desde pequeña sintió interés por el mundo del modelaje, pero debido a que no cumplía los prototipos establecidos socialmente, no era aceptada en las agencias.

Foto: Carlos Peláez

Sin embargo, aunque tenía una respuesta negativa con el mundo exterior, lo realmente impactante era el poco apoyo que le brindaba su familia, quien creía que el estereotipo de delgadez era el único requisito para poder ejercer esta profesión. 

Alejandra siempre se definió como curvy, (una mujer de curvas acentuadas, pero de talla más grande que los estereotipos 90, 60, 90) sin embargo una enfermedad hormonal, hizo que la joven fuese aumentando de peso, lo que proporcionó una baja de autoestima sumada a las críticas insulsas de algunas personas. Entre una ligera sonrisa, cuenta que llegó un momento en donde tuvo que sacar fuerzas y hacer un alto en el camino, y bajo la frase “me decía a mí misma” tomada de un personaje cómico de teatro, comenzó a implementarla para ella, diciéndose todos los días “a mí misma” lo hermosa que era, lo perfecta que era y lo feliz que era teniendo familia, salud y muchas más cosas buenas en su vida.

Foto: Carlos Peláez

Fue ahí, donde descubrió que la belleza no es única, no hay un molde, un estereotipo que se deba seguir para poder encajar. A partir de este momento, Alejandra rompió las cadenas de una sociedad marcada por el físico, y comenzó a buscar sus ideales, sus metas y sus sueños; se presentó a concursos de belleza, pasarelas, estudios fotográficos y comenzó a trabajar en el mundo que siempre había anhelado. 

Hoy, esta bella mujer, ha alcanzado grandes metas y aunque no desea participar más en concursos de belleza, el modelaje sigue estando dentro de sus ideales; pero aún hay más para ella, una próxima meta que tiene por cumplir, es la graduación como profesional en gastronomía, montar su propio Resto-Café, además de ser una enóloga profesional.

Pero no solo ella rompió las cadenas, su familia también logró darse cuenta de que, para cumplir un sueño, algunas veces hay que salirse de esa cuadricula social a la que hemos estado sometidos desde siempre, y que un cuerpo físico no puede ser impedimento a lo que el ser humano es capaz, a lo que sueña y anhela en su interior. 

Sociedades que se encargan de estigmatizar a los seres humanos, física y emocionalmente son las grandes cadenas que debemos romper. No existe un molde, no existe una verdad, existe una cultura, pensamientos y actos diversos que cada ser humano debe estar libre para poder escoger y actuar.

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