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Foto: Santiago Márquez/ Revista la Eterna Primavera  

La construcción de la identidad masculina ha sido un proceso de transculturación constante y evolutiva. Cuya conducta se desarrolla conforme a los lineamientos estructurales de una sociedad expuesta a las transformaciones imperantes en determinados contextos y situaciones.

Por lo cual, los individuos interiorizan posturas a nivel colectivo e individual. Estando sometido a las prácticas y rudimentos establecidos circunscritos en el código de lo aceptable y la censura.

A pesar de esto, cuando las personas adquieren la capacidad de reflexionar y razonar, inicia la fase de emancipación, desinhibición, deconstrucción y confrontación de su comportamiento en relación a su orientación sexual.

Fotos: Santiago Márquez/Revista la Eterna Primavera

Respecto a lo anterior, predomina el estigma que el concepto de liberación se asocia exclusivamente a la mujer. Sin embargo, los hombres a través del tiempo de manera sutil o directa, han emprendido una lucha silenciosa sobre el cuidado de sí mismo, en relación a lo estético y lo corpóreo. Rasgando el velo, el imaginario que la práctica de asistir y cuidar el cuerpo solo le incumbía a la mujer; derrumbando al mismo tiempo la filosofía patriarcal y machista de estandarizar la relevancia de la vanidad en un sexo determinado. Inclusive, los varones, sienten la necesidad de ser cortejados mediante palabras de afirmación que contribuyan a la aprobación de su integridad física e intelectual, aunque en el hiperconsumismo de la belleza predomine la composición corporal sobre la inteligencia personal.

En contraste con lo anterior observamos que en la conducta masculina del cuidado, se encuentra las siguientes prácticas: delineamiento de las cejas, arreglo constante de la barba, utilizar ropa ajustada, retoque del rostro con maquillaje, arreglo de las uñas, etcétera.

Foto: Santiago Márquez /Revista la Eterna Primavera

A causa de esto, entendiéndolo como una revolución masculina, el periodista británico Mark Simpson utilizó el término de metrosexual por primera vez en la década del noventa. El concepto hace alusión a las dinámicas de las metrópolis, ciudades y áreas urbanas en concordancia a la variación sexual del cuidado y sus estereotipos. A pesar de ello, el fenómeno de la saturación de información transportó los estándares de las características metrosexuales a diferentes centros poblados.

Además, la metrosexualidad no se delimita a una orientación sexual en específico, debido a que se suele conectar con la homosexualidad; porque según ello, quebranta las normas establecidas de la masculinidad. Contrario a lo que se cree, las personas metrosexuales también pueden ser heteros o bisexuales.

Quizás son la acción-reacción de una cultura hipervisual y pornificada que le da suma relevancia a lo estético. Todavía cabe señalar que de la palabra metrosexual se desprenden los siguientes términos: spornosexual, ubersexual, retrosexual y lumbersexual.

Foto: Santiago Márquez/Revista la Eterna Primavera

El primero, según algunos críticos es la versión 2.0 de la metrosexualidad, son hombres que tienen una excesiva preocupación por tener un físico despampanante con delirios de aspirar ser un símbolo sexual.

El segundo es un tipo de hombre que gusta cuidar de su apariencia física en niveles equilibrados, distinto al metrosexual.

 

Foto: Santiago Márquez /Revista la Eterna Primavera 

El tercero es la sexualidad conservadora, arcaica, del estigma que la masculinidad se asocia con el hombre fuerte, varonil.

El último es la modificación de una nueva masculinidad, adopta el aspecto físico de los típicos leñadores americanos; barba poblada, camisa de cuadros y botas que den la apariencia de rudeza.

Foto: Santiago Márquez/Revista la Eterna Primavera

Finalmente apreciamos que la metrosexualidad está inmersa en cualquier orientación sexual, de hecho, hay un sin número de homosexuales que tienen rasgos masculinos definidos, tanto a nivel físico y comportamental. De manera análoga heterosexuales que poseen conductas femeninas. A veces en el libre desarrollo de la personalidad la metrosexualidad pasa al espectro del narcicismo y el comportamiento narciso se convierte en una némesis, en un dulce veneno que incita a ahogarse en el reflejo de la vanidad.

 

Jeison López 
Psicólogo 

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