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Foto: Pixabay

Los primeros años de vida de un infante son aquellos que marcarán de manera general su proceso de crecimiento; dependiendo de su entorno emocional, social y físico, ellos lograrán formar capacidades y condiciones diferentes para su camino a la adultez.
Y es precisamente de lo que se encarga “Mi casita del saber”, un lugar ideal en el municipio de Bello, donde los niños tienen un espacio adecuado, propicio e ideal, para aprender como si estuviesen en casa.

Fabiola María Pérez Restrepo, es la creadora de este hermoso lugar para la educación de los infantes; desde los cinco años creció con el sueño de ser maestra, puesto que al ver a su profesora de preescolar constantemente, pensaba: “yo algún día quiero ser como ella”. A medida que los años pasaron Fabiola siguió persiguiendo su gran meta y luchó por ella, hasta que consiguió graduarse como Licenciada en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana.

Foto: cortesía Fabiola Pérez

Fue en noviembre de 2017 cuando comenzó oficialmente el sueño de Fabiola, allí empezó su obra, y tan solo un año más tarde contaría ya con 60 niños inscritos en el centro educativo.
Mi Casita del Saber, es un espacio muy diferente al que usualmente se llega cuando se busca un jardín infantil o preescolar, porque es un lugar que ofrece todo lo que un padre de familia necesita y requiere para el cuidado de sus hijos, afirma la educadora.
El crecimiento de “Mi Casita del Saber” siempre fue exponencial, cada vez tenía más reconocimiento en el municipio y una de las principales razones de su éxito fue y sigue siendo el voz a voz de los padres, conformes con la labor que se hace con sus hijos.

Foto: cortesía Fabiola Pérez

Sin embargo, al igual que en muchos establecimientos, el Jardín Infantil padeció los estragos de la crisis a causa de la pandemia; de 70 niños que habían inscrito en el mes de marzo, para abril solo seguían 45 desde la virtualidad y solo 15 cerraron el año. Sin embargo, el principal objetivo de esta mujer era claro: no dejar caer “Mi Casita”, como le llama su directora, y “continuar como sea, pese a las adversidades”, asegura.
Y así fue, entre las estrategias que decidieron implementar están:

  • La creación de una plataforma en Schoology, un sistema de administración del aprendizaje para poder dar las clases en línea.
  • Facilidades de pago para los padres y flexibilidad para la inscripción en los cursos.
  • Los “regalógicos”, regalos pedagógicos hechos manualmente con material reciclable diseñados para que los niños sigan trabajando desde las dimensiones comunicativa y afectiva, entre otras.

 Incluso, para el pasado mes de diciembre, se organizó un pesebre de aproximadamente diez metros cuadrados abierto al público y destinado a recoger fondos y crear espacios familiares; esta estrategia fue tan bien acogida que recibieron el reconocimiento de un medio televisivo regional.

Foto: cortesía Fabiola Pérez

A pesar de todas las afectaciones de la pandemia, Fabiola considera que todo ha sido un proceso de aprendizaje y que no se puede echar en saco roto lo que han hecho para mantenerse durante estos meses. “Yo no he desfallecido, como sea salimos”. “Esto es algo pasajero y tengo la esperanza de que esto en algún momento va a pasar y volveremos a prestar un buen servicio”, “La pandemia se acabará; mi sueño, no” afirma Fabiola.
Su directora está firmemente convencida de que los infantes merecen tener una buena atención y que no hay circunstancia que impida que ella siga trabajando por esto. Su razón de ser, según expresa, son los niños. Cuando se les pregunta qué representan para ella responde orgullosamente: “son la sonrisa de Dios” y que le llena el alma verlos sonreír, felices o escucharlos decir “profe, te quiero”.
Mi Casita del Saber, un centro infantil que recibe niños desde los seis meses hasta los cinco años, refleja como institución todos esos valores y convicciones de quienes hacen parte de este preescolar. La dedicación, la persistencia, el amor por los niños, el compromiso por ofrecerle a esta población el espacio que se merecen y el espíritu de lucha de sus profesoras hacen que esta institución sea digna del reconocimiento que ha conseguido y del que le falta por conseguir.

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