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Foto: Carlos Peláez 

Ahora sin carros, el Puente de Guayaquil cuenta un fragmento de la historia de la Medellín de finales del siglo XIX. La estructura, que junto con otros 15 puentes hacen intersección con el río Medellín a lo largo de los casi 60 km del Valle de Aburrá, es la más antigua de su tipo que se conserva en la ciudad. Fue construido entre 1878 y 1879 bajo la dirección del alemán Enrique Von Haeusler, quien dirigió las Obras Públicas del Estado Soberano de Antioquia

Y aunque Guayaquil es el puente en pie más antiguo, vale la pena aclarar que no fue el primero en construirse, porque para ese entonces ya existía un puente sobre lo que hoy es la calle Colombia, a pesar de que posteriormente fue reconstruido. Sin embargo, con la llegada de esta nueva estructura se estableció una conexión vial y comercial entre Medellín y la ladera occidental llamada Otrabanda y, directamente, con el actual barrio Belén, que para la época era un corregimiento poblado por familias que llegaban del Occidente antioqueño y se dedicaban a la agricultura y la ganadería.

Foto: Carlos Peláez 

Con la apertura del Guayaquil en 1879 se fortaleció el desarrollo social y arquitectónico de Otrabanda y, principalmente, el de Belén y lo que posteriormente sería el proyecto de Laureles. Con esto se incrementó el comercio permanente de alcohol, caña de azúcar y elementos para la construcción entre una ladera y otra. El puente tuvo múltiples usos; se convirtió en un referente para la ciudad, un paseo para los medellinenses y un paredón de muerte para las autoridades.

Y dentro de esa historia que guarda el puente de ladrillos más antiguo de Medellín, hay un capítulo apartado a una sombra que durante décadas visitó a Guayaquil: la de pena de muerte. El destino de los condenados de la Medellín de antaño encontraba su fin en las plazas públicas, principalmente, en el puente símbolo de progreso y desarrollo de esta ciudad. Ese fue el destino de Jesús María Tamayo, primer fusilado del siglo XX (1902), acusado de envenenar a su esposa María Josefa Echavarría el 4 de agosto de 1898. Mientras estaba sentado en una silla de madera en el Puente de Guayaquil, con las manos atadas y los ojos vendados, dieciséis hombres armados pusieron fin a la vida de Jesús María Tamayo en nombre de la justicia terrenal y divina que se permitía el peor de los castigos.

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